Donbass y la guerra contra Rusia


Cuando se habla de falsificación de la realidad, se hace referencia, antes que nada, a la deshonestidad de los medios de información occidentales, parte de un sistema corrupto que controla la mente de todos e impide a la gente conocer lo que sucede, pues se trata de una máquina para lavar cerebros en favor del mismo demonio. Así actúan cuando ocultan los delitos que las hordas nazis, principal sostén del gobierno de Ucrania, han cometido en ese país y les permite presentarse como víctimas de una agresión de Rusia, cuando en realidad son verdugos de la nación ucraniana.

Durante ocho años, el Presidente Putin sostuvo que el restablecimiento de la paz y la reducción de las tensiones en Ucrania radicaba en el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk. Pero el gobierno de Kiev, que nunca estuvo interesado en una solución pacífica sino en organizar en el Donbass una blitzkrieg, guerra relámpago, como ya lo había hecho en 2014 y 2015, declaró pública y permanentemente su negativa a cumplirlos; Rusia le exigió terminar las hostilidades, sino recaerá por completo la responsabilidad por un posible derramamiento de sangre.

Por otra parte, desde diciembre de 2021, Rusia intenta llegar a un convenio con EEUU y sus aliados sobre los principios de seguridad en Europa y la no expansión de la OTAN. Según Putin, todo en vano. “La posición de EEUU no cambia. Ellos no consideran necesario llegar a un acuerdo con Rusia en esta cuestión clave para nosotros, persiguen sus propios intereses y se desentienden de los nuestros. Y, por supuesto, de esta situación surge la pregunta: ¿qué hacer ahora, qué esperar?”

En estas circunstancias, Eduard Basurin, portavoz de la Milicia Popular de Donetsk, reveló el plan desarrollado por el gobierno ucraniano, que el servicio de inteligencia del Donbass obtuvo, cuyo objetivo es limpiar ese territorio de la población rusa, para obtener el control absoluto de las repúblicas populares.

Por esta razón, los líderes de las Repúblicas de Donetsk y Lugansk, Denís Pushilin y Leonid Pásechnik, solicitaron al Presidente Putin reconocer la emancipación de esas repúblicas, que se independizaron de Ucrania en mayo de 2014, por no reconocer a las autoridades que tomaron el poder luego del sangriento golpe de Estado de Euromaidán; desde entonces no cesa el conflicto entre el gobierno de Kiev y estas dos repúblicas, que ha dejado más de 15.000 muertos, según estimaciones de la ONU. Los ataques contra el Donbass se intensificaron después de que Estados Unidos y la OTAN entregaran grandes cantidades de armas a Ucrania.

El Presidente Putin convocó a una sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad de Rusia, para abordar la situación del Donbass. El 21 de febrero de 2022 firmó los decretos que reconocían la independencia y la soberanía de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk y dijo que consideraba necesario tomar esta decisión, esperada por tanto tiempo.

Días después, el 24 de febrero, el Presidente Putin anunció el inicio en Ucrania de una operación militar especial, cuyo objetivo era “proteger a las personas que durante ocho años han sido objeto de abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev. Para ello, nos esforzaremos por desmilitarizar y desnazificar Ucrania, pero no ocuparla. Se trata de llevar ante la justicia a quienes han cometido sangrientos crímenes contra la población civil, incluidos los ciudadanos de Rusia”.

Habló de las amenazas que contra Rusia, paso a paso y año tras año, están siendo creadas de forma agresiva y sin contemplación por los políticos irresponsables de Occidente. Se refirió a la expansión del bloque de la OTAN hacia el Este, a la proximidad de su infraestructura militar a las fronteras de Rusia. “Pese a que durante treinta años hemos intentado de forma persistente y paciente llegar a un acuerdo con los países miembros de la OTAN sobre los principios de una seguridad igualitaria e indivisible en Europa. En respuesta a nuestras propuestas, nos hemos encontrado constantemente con engaños y mentiras cínicas o con intentos de presión y chantaje, mientras que la Alianza, a pesar de todas nuestras protestas y preocupaciones, no deja de expandir sus posiciones. Esta máquina de guerra avanza y, repito, se está acercando cada vez más a nuestras fronteras”.

Al hablar del avance de la OTAN hacia Rusia, habló de esa institución militar que en 1990 realizó la Primera Guerra del Golfo contra Irak; en 1999, una Guerra con el fin de desintegrar Yugoslavia; en 2001 invadió Afganistán; en 2003 hizo la Segunda Guerra del Golfo contra Irak; en 2011 atacó a Libia y asesinó a Muammar Gaddafi, para luego iniciar la intervención armada en Siria, entre sus numerosos crímenes.

Por estas y otras razones, Moscú exige la no ampliación de la OTAN al este y, en concreto, la no incorporación de Ucrania y Georgia, países que limitan con Rusia y en los que, en una hipotética adhesión, Estados Unidos podría emplazar sus misiles de ataque, como ya lo ha hecho en países del antiguo Pacto de Varsovia, incluso de la ex URSS, que fueron incorporados a la OTAN y donde EEUU instaló misiles en la localidad polaca de Redzikowo, a 180 kilómetros de Kaliningrado, y en el poblado rumano de Deveselu, a 600 kilómetros de la península de Crimea. Por eso, Rusia demanda al bloque bélico que retire tropas y material bélico de Bulgaria y Rumanía, lo que implica el retorno a la arquitectura militar que existió en Europa en 1997, cuando fue firmado el Acta Fundacional Rusia-OTAN.

La situación actual se semeja en algo a la que hubo antes del 1 de noviembre de 1939, cuando Alemania invadió Polonia, y que los historiadores de Occidente sitúan como el inicio de la Segunda Guerra Mundial, sin tomar en cuenta que en el Lejano Oriente, entre el 30 de diciembre de 1937 y el día de la invasión a Polonia, Japón ya había asesinado a más de diez millones de chinos y que antes hubo otras guerras desatadas por el nazi-fascismo.

Los países del Eje, Alemania, Italia y Japón, iniciaron sus planes de dominio mundial mediante actos de agresión descarados. En 1936, Hitler rompió el Tratado de Versalles al cruzar sus tropas al otro lado del Rin, zona desmilitarizada de Alemania. “A Adolf Hitler se le permitió ganar la primera batalla de la Segunda Guerra Mundial sin disparar un solo tiro”, escribe Sir Wheeler Bennet. Los políticos occidentales esperaban que Hitler cumpliese con su promesa de liquidar el comunismo, lo presionaban para que vaya cada vez más lejos, en dirección al Este, le abrían la posibilidad de atacar a la URSS y se negaban a crear un sistema de seguridad colectiva a la agresión nazi-fascista, política que hasta ahora no ha cambiado y que sigue favoreciendo al agresor, que ahora es Ucrania.

La derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial dejó cambios profundos en la estructura social del mundo y en la consciencia colectiva del género humano. Es la más grande epopeya de los pueblos del planeta por conquistar su derecho a la vida, contra el fascismo, que es su negación. Esta lucha no ha concluido mientras subsistan en el seno de nuestras sociedades el anticomunismo, el racismo, el exclusivismo y el militarismo, banderas bajo las cuales se ocultan los mayores enemigos de la especie humana. Este es el caso del régimen neonazi, que hoy gobierna Ucrania y que, con el aplauso de Occidente, pretende fabricar armas atómicas, para usarlas contra Rusia.

María Zajárova, portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, dijo: “Antes de pedir cuentas a Rusia por la operación para desmilitarizar y desnazificar a Ucrania, los países del bloque del Atlántico Norte deberían primero responder por sus propias aventuras militares, así como por la falta de acción para alentar al régimen de Kiev a una solución pacífica del problema de Donbass”.

Pese a los obstáculos, ojalá sea exitosa la exhortación que hizo el papa Francisco de poner fin al conflicto armado. A buena hora, Moscú aceptó la propuesta de Kiev de celebrar negociaciones para hablar del alto el fuego y la paz, que tendrán lugar en Bielorrusia. Aunque se debe ser cauto, no es malo ser optimista.


Rodolfo Bueno Ortiz